martes, 29 de diciembre de 2009

Saló o los 120 días de Sodoma


La verdad es que no sé por dónde empezar a hablar de Saló o los 120 días de Sodoma de Pier Paolo Pasolini. La vi hace unos días y reconozco que todavía no he sido capaz de racionalizar mis ideas por el impacto que me produjeron las imágenes de esta película.

Saló (como parece que comúnmente es llamada), ¿es una película repugnante? Sí. ¿Es una película cruel y perversa? Sí. Pero también se trata de una película elegante, una historia que contiene diálogos bien construidos con citas a textos de Roland Barthes y Pierre Klossowski, una obra cinematográfica con una excelente composición musical de Ennio Morricone, donde los personajes interpretan al piano piezas de Carl Orff y Frédéric Chopin. Una película que antes de empezar proporciona unas referencias bibliográficas esenciales donde aparecen pensadores y filósofos como Maurice Blanchot, Simone de Beauvoir, Philippe Sollers y los mencionados Barthes y Klossowski. Es por todo esto por lo que me niego a aceptar que Saló o los 120 días de Sodoma es tan sólo un capricho de Pasolini, una broma escabrosa o una simple apología de la maldad y la destrucción. No me lo creo.

Saló o los 120 días de Sodoma es una adaptación cinematográfica de la obra del Marqués de Sade. La historia se desarrolla en la República de Saló, al norte de Italia, durante los años de la ocupación nazifascista (1944-1945). La película se divide en cuatro partes (el antinferno, el círculo de las manías, el círculo de la mierda y el círculo de la sangre) que establecen un paralelismo con los cantos de la Divina Comedia de Dante. Cuatro hombres poderosos, llamados Presidente, Duque, Obispo y Magistrado, acuerdan casarse con sus respectivas hijas en un ritual libertino. Con la ayuda de varios colaboradores, secuestran a dieciocho jóvenes (nueve hombres y nueve mujeres) y los conducen a un palacio cerca de Marzabotto. Con ellos están cuatro ex-prostitutas, también colaboradoras, cuya función será la de contar historias que exciten a los hombres poderosos, quienes entonces explotarán sexual y sádicamente a sus víctimas.

He leído que Pasolini intenta establecer un paralelismo entre maldad y fascismo siguiendo el esquema de la obra filosófica de Nietzsche. En la mansión donde se desarrolla la historia los esclavos tienen prohibido cualquier tipo de manifestación religiosa, siendo ésta penada con la muerte. Dios ha muerto, los fascistas han tomado su trono y se han erigido como superhombres para el resto de los seres, sintiéndose con derecho a utilizarlos para satisfacer todos sus más abominables deseos. La consecuencia, por tanto, del poder absoluto es la destrucción y la decadencia moral del ser humano.

La película ha sido prohibida en varios países debido a su gráfico retrato de la violación, la tortura y el asesinato. Se han formulado muchas preguntas acerca de la legalidad de la película: por ejemplo, si los actores o actrices que participaron en los actos sexuales o violentos de la película (evidentemente simulados) eran mayores de edad. Esta es una de las cuestiones que a mí personalmente más me han impresionado de Pasolini: ¿era necesario retratar la maldad llegando hasta este extremo?

Saló es ciertamente una película con alta carga filosófica. No obstante, me sigo preguntando una vez más si era necesario que Pasolini se recreara tan morbosa, obsesiva y perversamente, de una forma casi enfermiza, en los detalles de la misma. Que cada uno juzgue como crea conveniente.

Nintae San

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