martes, 19 de abril de 2011
Steppenwolf
"A dondequiera que mirara, dondequiera que enviase mis pensamientos, en parte alguna me aguardaba una alegría ni un atractivo, en parte alguna atisbaba una seducción; todo hedía a corrupción manida, a putrefacta medioconformidad; todo era viejo, marchito, pardo, macilento, agotado. Santo Dios, ¿cómo era posible? ¿Cómo había podido yo llegar a tal extremo, yo, el joven lleno de entusiasmo, el poeta, el amigo de las musas, el infatigable viajero, el ardoroso idealista? ¿Cómo había venido esto tan lenta y solapadamente sobre mí, esta paralización, este odio contra la propia persona y contra los demás, esta cerrazón de todos los sentimientos, este maligno y profundo fastidio, este infierno miserable de la falta de corazón y de la desesperanza?"
El lobo estepario
Hermann Hesse (1877-1962)
domingo, 10 de abril de 2011
Johnny Cash - Personal Jesus
Hoy hace año y medio que nos conocimos. Te quiero con toda mi alma, vida. Va por ti, sé que te gustará...
Me gustan más la versiones que las originales...
En lo que respecta a otros asuntos, prefiero ¿lo original? ¿lo real? ¿lo verdadero?
Por cierto, una canción con compromiso, Strange Fruit, de Billie Holiday... música buena, de verdad...
- ¿Has visto a alguna de tus víctimas?
- ¿Víctimas? No seas melodramático. Mira ahí abajo. ¿Sentirías compasión por uno de esos puntitos negros si dejara de moverse? ¿Si te ofreciera 20.000 dólares por cada puntito que se parara me dirías que me guardara mi dinero o empezarías a calcular los puntitos que serías capaz de parar? Y libre de impuestos, amigo. Libre de impuestos. Hoy es la única manera de ganar dinero.
El tercer hombre (1949)
Carol Reed
Me gustan más la versiones que las originales...
En lo que respecta a otros asuntos, prefiero ¿lo original? ¿lo real? ¿lo verdadero?
Por cierto, una canción con compromiso, Strange Fruit, de Billie Holiday... música buena, de verdad...
- ¿Has visto a alguna de tus víctimas?
- ¿Víctimas? No seas melodramático. Mira ahí abajo. ¿Sentirías compasión por uno de esos puntitos negros si dejara de moverse? ¿Si te ofreciera 20.000 dólares por cada puntito que se parara me dirías que me guardara mi dinero o empezarías a calcular los puntitos que serías capaz de parar? Y libre de impuestos, amigo. Libre de impuestos. Hoy es la única manera de ganar dinero.
El tercer hombre (1949)
Carol Reed
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sábado, 19 de febrero de 2011
sábado, 22 de enero de 2011
Vamos a vernos, poquito a poco
Para que engañarnos, cada vez que escucho esto, pienso en ti ...
Te quiero, mi vida.
Nintae & Sabine (R)
Te quiero, mi vida.
Nintae & Sabine (R)
jueves, 23 de diciembre de 2010
Un continuo goteo

"En medio de la noche empezó a gemir en sueños. Tomás la despertó, pero al ver su cara le dijo con odio: «¡Vete! ¡Vete!». Después le contó lo que había soñado: estaban en algún lugar juntos ellos dos y Sabina. Entraron en una habitación grande. En medio había una cama, como en un escenario de teatro. Tomás le ordenó que se quedara de pie en un rincón y después, delante de ella, hizo el amor con Sabina. Esa visión le producía un dolor que no podía soportar. Quería interrumpir el dolor del alma mediante el dolor del cuerpo y se metía agujas en las uñas. «Dolía tanto», decía, y mantenía los puños cerrados como si los dedos estuvieran heridos de verdad.
La abrazó y ella lentamente (aún estuvo mucho tiempo temblando) fue durmiéndose en sus brazos. Cuando, al día siguiente, volvió a pensar en aquel sueño, recordó algo. Abrió el cajón del escritorio y sacó un paquete de cartas que le había enviado Sabina. Pronto encontró el siguiente párrafo: «Quisiera hacer el amor contigo en mi estudio, como en un escenario. Alrededor habría gente y no podrían acercarse ni un paso. Pero no podrían quitarnos los ojos de encima...».
Lo peor era que la carta llevaba fecha. Era reciente, de una época en la que hacía tiempo ya que Teresa vivía en casa de Tomás.
«¡Has estado revolviendo mis cartas!», le espetó.
No lo negó y dijo: «¡Entonces échame!».
Pero no la echó. Tenía la imagen de ella ante los ojos, pegada a la pared del estudio de Sabina, clavándose agujas bajo las uñas. Cogió sus dedos, los acarició, se los llevó a los labios y los besó como si aún hubiera en ellos huellas de sangre".
Milán Kundera
La insoportable levedad del ser
Sabine
La niña, porque aparenta ser una niña, ya es sin embargo una mujer de gin tonics a medianoche, de roces con hombres con galones y necesidades perentorias. También es un pelín inconsciente, bastante morena y por momentos cínica. Es una de esas mujeres que duermen desnudas cuando quieren que las ames, y también de las que te muestran desprecio cuando se enfadan.
María es tan bella, que le sientan bien hasta las muñecas sin pulseras, las orejas sin pendientes y el cuello sin colgantes. No necesita nada para ser bella: es leve, más ligera que el aire, vuela alto con la imaginación. Se distancia de la tierra, de su ser terreno hasta que sus movimientos son tan libres como insignificantes, hasta que ya no la vemos y desaparece. Hasta que de nuevo asoma, vulnerable, asustada y sorprendida, para tensar el nudo y racionalizar sus emociones.
María hace que a veces me duela el alma. Muy hondo. Hace que la boca me sepa a hiel. Muy amarga. Y sin embargo, la quiero.
Nintae San
María es tan bella, que le sientan bien hasta las muñecas sin pulseras, las orejas sin pendientes y el cuello sin colgantes. No necesita nada para ser bella: es leve, más ligera que el aire, vuela alto con la imaginación. Se distancia de la tierra, de su ser terreno hasta que sus movimientos son tan libres como insignificantes, hasta que ya no la vemos y desaparece. Hasta que de nuevo asoma, vulnerable, asustada y sorprendida, para tensar el nudo y racionalizar sus emociones.
María hace que a veces me duela el alma. Muy hondo. Hace que la boca me sepa a hiel. Muy amarga. Y sin embargo, la quiero.
Nintae San
El deseo de ser piel roja

"Si uno pudiera ser un piel roja siempre alerta, cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento, constantemente sacudido sobre la tierra estremecida, hasta arrojar las espuelas porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas porque no hacen falta riendas, y apenas viera ante sí que el campo era una pradera rasa, habrían desaparecido las crines y la cabeza del caballo".
El deseo de ser piel roja
Frank Kafka
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